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La mujer que revolucionó la alta joyería

Victoire de Castellane puso patas arriba los postulados de la Alta Joyería. Hoy está al frente de la dirección artística de Dior Joaillerie, donde arrasa con piedras de colores y un lenguaje rupturista. Nieta de la condesa de Castilleja de Guzmán, por sus venas corre sangre española.

Victoire de Castellane (París, 2 de febrero de 1962) representa la quintaesencia del cosmopolitismo parisino. De raíces aristocráticas, es la encarnación del chic más ecléctico que en su día prendó al mismísimo káiser de la moda, Karl Lagerfeld, quien la convirtió en una de sus musas oficiales y su diseñadora de joyas. Hoy, una de las más influyentes creadoras de joyería del momento sienta cátedra desde su privilegiado puesto de directora artística de Dior Joaillerie, creando colecciones con un lenguaje propio que ha transgredido las reglas implícitas del arte de la joyería contemporánea.

Proceso de realización de las joyas de Victoire de Castellane

La definición que Victoire ha hecho de la Alta Joyería de Dior está íntimamente conectada a la Alta Costura de esta mítica maison. Soie Dior, su última colección, es quizás la más directamente vinculada a la Haute Couture de la casa francesa y al sensual empleo de los tejidos más delicados, la textura y el movimiento de la seda en todas sus expresiones, como el tafetán, la organza, el pongé o el satén. Cada pieza conecta con la experiencia que supone lucir un vestido de noche firmado por Dior, y en las formas y modos de sus creaciones se evidencia un trabajo que explora el universo de las percepciones sensoriales. «Fue necesario afinar el ingenio y aplicar la más refinada técnica para lograr que la suavidad de la seda se reflejara en las piedras», dice la creadora al reflexionar sobre la complejidad técnica de esta colección que busca congelar en el tiempo el efímero movimiento de un lazo de seda. «Cuando juegas con una cinta, es algo instintivo, efímero por definición, y para mí era esencial que quedara reflejada esa idea de la libertad», afirma la diseñadora.

La llegada de Victoire de Castellane a Dior se produjo dentro del contexto del profundo reposicionamiento de la casa que comenzó a mediados de los años 90 con la incorporación de John Galliano como diseñador tanto de su prêt-à-portercomo de su Haute Couture y que se prolongaría hasta 2001 con el fichaje de Hedi Slimane para redefinir completamente su universo masculino. La noticia de su fichaje corría por los mentideros de la moda en octubre de 1997. Dejaba Chanel seducida por la propuesta de Bernard Arnault, presidente del grupo LVMH, propietario de Dior, uno de los hombres más poderosos de la industria del lujo, que quería potenciar el universo de la firma con la incorporación de su propia línea de Alta Joyería. Buscaban una revolución en el mundo de la joyería equivalente a lo que Galliano había supuesto en la moda: alguien arriesgado, con una aproximación poco convencional a la creación joyera, donde la imaginación y la fantasía fueran irrenunciables.

Victoire de Castellane era sin duda la mejor opción. Su trabajo en Chanel la había catapultado al estrellato internacional como una de las creadoras más revolucionarias e irreverentes. «Desde que llegué a Dior mi labor se ha basado en el desarrollo de los temas propios de la casa, como los jardines de Christian Dior de Milly-la-Forêt, los excéntricos grandes bailes que marcaron toda una época y, por supuesto, la Alta Costura», explica Victoire. «De todas formas hay que entender que esos temas que ofrecen inspiración para mis colecciones son justamente eso, inspiración, un punto de partida. A partir de ahí yo los mezclo con mis propias ideas».

No todo fueron aplausos en aquel primer momento. Las clásicas figuras de la joyería abominaron del nuevo lenguaje creativo de Victoire, el eclecticismo de influencias y materiales, que rompía con el estatismo regio de la Alta Joyería para dotarla de alma, movimiento, vida y cierta teatralidad. Reconocían su genialidad para Costume Jewelry, esta joyería de fantasía que había hecho para Chanel, pero la Alta Joyería se consideraba otra historia: había reglas no escritas, una tradición establecida, y al principio su trabajo chocó con el sector más fundamentalista. «Cuando empecé en este negocio, los joyeros de Place Vendôme tenían u estilo bastante clásico, no demasiado creativo. Yo quería desarrollar un nuevo lenguaje que reavivara la magia de la joyería y la hiciera más femenina. Mezclar la feminidad con realismo y fantasía», afirma. A pesar de todo, la prensa y el público amaron sin condiciones esa ruptura, y el paso de los años la ha consagrado como una de las más decisivas influencias de la joyería contemporánea. «Mi sello personal es el uso de piedras de intensos colores, las mezclas tan singulares que hago de esos colores, el movimiento, los volúmenes y las historias que hay detrás de cada pieza», subraya. De Castellane tiene la magia de hacer de cada una de sus joyas una obra de arte, una pequeña escultura rica en detalles y matices, como se reconocía en su primera exposición individual en la Galería Gagosian de París en 2011 que llevó por título Fleurs d’Excès (Flores de Exceso en francés), o en las celebradas en 2014 bajo el nombre de Animalvegetablemineral en las sedes de la Gagosian de Nueva York y Londres.

Sin ataduras

Casada con el director creativo de firmas de lujo Thomas Lenthal y con cuatro hijos, una de su actual marido y tres de su anterior matrimonio con el editor y coleccionista de arte Paul-Emmanuel Reiffers, Victoire mantiene la misma frescura y pasión por su profesión que el primer día. «Cada vez que finalizo una colección vivo un momento excepcional en mi carrera. Es pura magia ver cómo las joyas que he imaginado cobran vida». En Dior ha encontrado un compañero de viaje que le otorga una libertad sustancial, poniendo a su disposición recursos ilimitados. «Para mí, tener libertad creativa significa tener la potestad de crear lo que quiera, sin nadie que me imponga nada». En su trabajo no existen los atajos. Sus ideas no se acomodan al concepto de lo práctico y al estado de la técnica, siempre va más allá y empuja a todos sus colaboradores a dar lo mejor de sí mismos en pos de conseguir piezas únicas, originales e irreproducibles. «Estoy profundamente involucrada en todo el proceso de manufactura y en todo momento tengo en mente la imagen de la joya final que he concebido», cuenta Victoire sobre el proceso creativo. «Hago un boceto rápido en un post-it y lo hablo con mi equipo. Ellos se ocupan de hacer un dibujo en gouache de la joya en sus dimensiones reales y a menudo desde varios ángulos, para a continuación mandar este diseño a los talleres de París con los que trabajamos. Lo que sigue son muchas idas y venidas entre el taller y mi despacho, de modo que cada etapa, desde la cera verde usada en la fundición hasta el engaste y el pulido, nos va llevando a que la joya final se ajuste cada vez más a la imagen que yo tenía de ella desde el principio. Se tarda entre 18 y 24 meses en lograr una pieza de Alta Joyería. Tengo la suerte de poder trabajar con los mejores talleres parisinos para llevar a cabo mis diseños y adaptar o desarrollar los procesos de manufactura necesarios para reproducir el diseño que tengo en mente de forma fiel».

Sus 14 años en Chanel la situaron en la vanguardia creativa de la joyería. La leyenda cuenta que llegó de la mano de su tío materno, Gilles Dufour, actual director creativo del gigante del cashmere Erdos y por entonces asistente de Karl Lagerfeld en Fendi. Pero lo cierto es que ella estaba en Chanel seis meses antes de que su tío arribara. Victoire tenía una amiga que trabajaba de relaciones públicas en la firma y le comentó que necesitaban a una chica que echara una mano con la preparación de la presentación de la primera colección de Costura de Lagerfeld para Chanel. Ella había hablado ya varias veces con el diseñador por la vinculación laboral de su tío con él en Fendi, pero realmente se conocieron cuando realizaba sus prácticas en Chanel y su estilo personal, trufado de referencias pop, fascinó al alemán. «¡Oh, Victoire! ¡Qué divertido! ¿Por qué no vienes a trabajar al estudio?», le dijo. Su tío se incorporaría al equipo después sustituyendo al que era el asistente de Lagerfeld en la maison parisina, Hervé Léger.

Pendiente Galon Saphir, hecho en oro amarillo, oro rosa, diamantes, zafiros y esmeraldas.

Orígenes aristocráticos

Lagerfeld reconoce que cuando la vio por primera vez quedó prendado del personal estilo que irradiaba y pronto la convirtió en una de sus musas oficiales. Este allure le viene de sus ancestros y se basa en una mezcla de sofisticación y espíritu bohemio, aderezado con cierto halo aristocrático. «Nací en la aristocrática familia de los Castellane, que se remonta al año 1000. En nuestro árbol genealógico se pueden encontrar príncipes reinantes, cruzados, obispos y generales. Sin ir más lejos yo soy sobrina tataranieta de Boni de Castellane, un dandi parisino, toda una leyenda de la Belle Époque. No tengo muy claro cómo se plasma todo eso en mi trabajo, pero es indudable que de dónde venimos tiene una influencia decisiva en lo que llegamos a ser». Su abuela, con la que se crió tras la ruptura de sus padres, era Silvia Rodríguez de Rivas, condesa de Castilleja de Guzmán, Sevilla, y su bisabuelo ordenó construir en los años 20 en esa pedanía uno de los más hermosos jardines de la época, Los Jardines Forestier, que deben su nombre al arquitecto paisajista Jean Claude Nicolás Forestier que los diseñó, también artífice del famoso Parque de María Luisa de Sevilla que creara para la Exposición Iberoamericana de 1929. Algo de ese gusto aristocrático ha debido de quedar en el linaje de Victoire, porque cuando se le encomendó realizar las joyas de la película María Antonieta (2006), dirigida por Sofia Coppola y protagonizada por Kirsten Dunst, también se le ofreció un cameo en el filme.

Convivir con su abuela paterna, casada por entonces con Kilian Hennessy, de la familia que fabrica el famoso coñac, la adentró en el universo de la Alta Joyería y educó su gusto en esas lides. Con solo 3 años pidió tener su propio joyero, a imagen de su abuela, donde guardaba con celo un brazalete de plástico en forma de serpiente que en su imaginación infantil eran las mismísimas joyas de Cleopatra. Con 5 años, su madre, con el propósito de reconciliarse con ella tras la separación, le regaló una pulsera charm a la que no dudó en arrancar los colgantes para hacerse unos pendientes y tirar la pulsera de oro a la basura, reconociendo mucho tiempo después que lo hizo porque no le interesaba el oro por entonces, que la aburría. Su madre enfureció, naturalmente. Aun así, a los 12 años hizo otra de las suyas llevando sus medallas de la Primera Comunión a un orfebre para que las fundiera e hiciera de ellas un anillo. De ahí quizás esa aproximación tan irreverente, incluso sacrílega, que ha mantenido con el mundo de las joyas desde el principio, desacralizándolas para llevarlas a un nuevo nivel artístico.

Paso a paso

El proceso de creación de una joya Dior comienza en el estudio de Victoire de Castellane que plasma la idea en un boceto en blanco y gris, primero, y después en gouache para recrear la sutileza de los tonos de las piedras y los matices de los materiales. Luego se elabora en uno de mejores talleres de París. Allí se realiza un molde de cera. La posición de las piedras que serán engastadas las define el escultor abriendo bocas en la cera. Los distintos elementos de cera que conforman la joya se sitúan en un molde en el que se vierte el yeso y va al horno para crear la horma definitiva donde se vierte el oro. El artesano realiza un prepulido manual y se procede a un ensamblaje temporal de la pieza y posterior engaste. Después se ensambla en una única pieza y se procede al pulido, que sublima los detalles y las piedras.

Precisión milimétrica. El escultor abre bocas en el molde para definir el lugar exacto que ocupará cada piedra.

Momento decisivo. La piedra protagonista se coloca sobre el molde dejando su huella, lo que garantiza un ajuste perfecto.

Fuente: www.expansion.com

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